Lo esperaban para el gran torneo de ajedrez, que se hacía en
la sede del club independiente. Caminando rápidamente hacia la parada del colectivo,
su cabeza proyectaba pensamientos que lo ponían en estado dubitativo con
respecto a jugar o no, ese torneo. Él estaba muy vinculado al club de la parada
de enfrente: Racing Club.
Sentía que si jugaba ese torneo, traicionaría de por vida
sus sentimientos, y empeoraría todavía más, si la comunidad racinguista tuviera
conocimiento de esto. Pese a esto alzó su mano dándole la señal al chofer que
parara y con mucho remordimiento se dirigió hacia allí. Por cierto ya estaba
llegando tarde, así que también lo esperaba el enojo de sus amigos.
Busco en su mochila su reproductor de música, y le dio vida
a su viaje en compañía de la sinfonía n° 9. Leyendo con gran entusiasmo su
manual de estrategias ajedrecísticas, se paso de la parada correspondiente, así
que cuando se dio cuenta, descendió rápidamente y camino unas 10 diez cuadras
para llegar.
Sus amigos parados con cara de fastidio, le criticaron su
retraso, pero él no le dio importancia y se dirigió a ellos, como si nada
hubiese pasado.
-Hola muchachos, están preparados para ganar el gran
premio (el equipo ganador seria acreedor
de un viaje a Inglaterra, para competir en torneos y asistir a seminarios de
ajedrez)
Después de esta naturalidad que tuvo para saludar, más se
había enardecido la situación y contesto uno de ellos;
-Como podes venir tan tranquilo, nos citas temprano para que
no quedemos afuera de la competencia y llegas 40 minutos más tarde. Si quedamos
afuera por que ya se lleno la capacidad de inscripción, vamos a ir a la sede de
Racing a informar que uno de sus hinchas más fanáticos, participo de un torneo
organizado por su rival más acérrimo.
-Bueno tampoco escandalices, vamos a entrar. (Contesto con
tono tranquilizador)
Ingresaron predispuestos a ganar ese viaje. Uno de ellos se
acerco a la ventana de informes y pregunto;
-Discúlpame ¿la mesa de inscripciones?
-El pasillo ese, a la izquierda. (Dijo una voz sensual y cálida)
-Si gano este torneo, te llevo de viaje conmigo (Dijo,
olvidando que aumentaba la tardanza para anotarse en la competición)
Un tanto sonrojada, la muchacha asintió a su propuesta y
este se marcho como si ya hubiese ganado. Les indicó a los amigos para donde
había que dirigirse, sin quitarle la vista a la muchacha. Pero, ella un tanto avergonzada
lo miraba rápidamente y dirigía su mirada para cualquier otro lado.
Se anotaron y había que esperar el sorteo. Su equipo se
llamaba “Los peones que se resisten al rey”. Mientras esperaban, Julio pensaba
cómo hacer para que la chica de la mesa de informes le diera una oportunidad de
un café por lo menos.
¡Julio!, llamo uno a los gritos, es su turno: - Si ya vamos-
contesto con una voz nerviosa.
Juntó a sus amigos, dijo unas palabras motivadoras y cada
uno se dirigió a la mesa que le correspondía. Las partidas se jugaban sin
cronometro, así que algunas se hacían un poco más largas. Julio precisamente
fue el primero que termino, dándole la primera victoria a su equipo. Fue
pasando el tiempo y fueron concluyendo los demás. Este primer enfrentamiento
dio 3 partidas ganadas y una perdida.
Las luces del salón
donde se jugaba comenzaron a perder tensión, hasta que en pocos minutos se
cortaron. Los organizadores un poco sorprendidos dieron aviso de esto, pero la
solución se hacía esperar, así que se decidió que si no se solucionaba, se
postergaría el torneo para otra fecha. Luego de unos minutos les informaron que
no habría solución a la brevedad y se dio por suspendido hasta nuevo aviso.
Enojados por la decisión estos muchachos, que venían
concentrados para la competencia se tuvieron que retirar, excepto uno: Julio, quien
se quedo dándole batalla a la muchachita de la recepción.
Julio no sabía si regresar a la reanudación de la
competencia, su cabeza no paraba de pensar la traición al club de sus amores. Su orgullo
estaba siendo invadido por algún mal, que no sabía cómo definir y eso no era
todo, en Avellaneda hay un diario barrial que cuenta con colaboradores de
particularidades, poco usuales para el periodismo: sus cronistas son algo así
como espías de toda la zona. Este es un método que utilizan para recabar información
filosa, con contenido y más que nada para trascender el ámbito de lo público.
Su identidad sabía que no la iba a cambiar, aunque lo haya
pensado. Solo le quedaba la bondad de sus allegados. Su cabeza transitaba por
dos dilemas: El que dirán los racinguistas y la chica de la recepción. Ya
estaba metido en las dos, tan solo le quedaba seguir en ambas partidas. Del
esperado viaje no se iba a bajar, el seminario de Inglaterra siempre fue su
gran anhelo y la chica, se había convertido en una clara prioridad, en su
escala de valores.
Tuvo una noche ardua para conciliar el sueño, pero
finalmente pudo dormirse a las cuatro de la mañana. Cuando despertó, entendió
lo que debía decidir, más allá de que sabía todas las contreras que se le
vendrían. Tomó el teléfono y llamó, a unos de sus compañeros de torneo.
- Hola, habla Julio. Tengo que decirte algo urgente.
- ¿Qué pasa? – dijo su amigo fastidiado por la hora en que
lo había llamado
- Me bajo del torneo. Decime lo que me tengas que decir
ahora, porque yo no vuelvo cuando sea la reanudación – aseguró sin lugar a
confusión
- ¿estás loco. Que fumaste?
- dijo entre dormido
- Nada, entendí que me la tengo que ir a jugar por la chica
de la recepción. Quiero destinar todo mi
tiempo a eso, nada más. Además no quiero
que me tilden de nada los racinguistas. Vos sabes muy bien que corro el riesgo
de que me expulsen por traición.
- Vos, si que estas chiflado, Julio. Ma’ está bien, hace lo
que quieras. ¡Chau! – Golpeó el teléfono
Julio, ya tenía su plan de conquista y quería ejecutarlo lo
antes posible. Se cambio rápidamente y se dirigió, a donde se realizaba la
competencia. El lugar todavía estaba cerrado porque era demasiado temprano,
pero nada importaba, solo quería verla a ella. La esperó sentado en la esquina.
Ella debía pasar por ahí, como todos los días. Ese día tardo más que siempre, y
él asustado por esto, no sabía si ir a averiguar al lugar por ella o esperar un
poco más. A punto de dirigirse a preguntar por la chica, vio que se asomo por
la vereda de enfrente muy apurada. Corrió a su alcance y le dijo:
-Acabo de dejar la competencia. Sentía que estaba defraudando
a mis queridos colores – dijo con los ojos brillantes de expectativa.
- Ah está bien, yo hubiese hecho lo mismo – contesto ella,
validando su actitud.
- Me queda decirte otra cosa más: Estoy enamorado de vos – arremetió
sumido en sus palabras.
- Ay, no sé qué decirte. Me pones en un compromiso. Nunca
podría estar con vos.
- ¿Por qué? – preguntó con sorpresa
- Porque, me pasa lo mismo que a vos con el torneo…
Soy de independiente.
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