miércoles, 3 de abril de 2013

David hacedor de entrevistas





El temor que despertaba a David en decidirse a hacer el viaje a México, era muy grande. No quería dejar tanto tiempo a su familia sola, sabía que a mitad de su viaje el recuerdo lo insertaría en un profundo sufrimiento. Pese a eso viajo igual, esa noche se hizo ardua, durmió muy poco y no pudo parar de pensar que hacer. Su editorial le había encargado un libro sobre la vida en la selva Lacaron y por lo tanto sabía que era una oportunidad sublime para destacarse en su oficio. Había ansiado siempre, conocer a las personas que poblaban allí, demás está decir que en una época de su vida, casi se alista al ejército extremista por la lucha popular mexicana, pero se interpuso su mujer desesperadamente, implorándole que pensara en los chicos. Ellos (afirmaba ella) extrañarían la ausencia.
Si le decía a su mujer de este viaje, ella se enfadaría porque entendería que su deseo estaría puesto en el ejército y no en su trabajo como escritor – cronista. De esta forma a penas comenzó la mañana, llamo rápidamente a la editorial, para pedirles un poco más de tiempo y poder decidir qué hacer. En ese momento los editores  se molestaron un poco porque no entendían cual era el impedimento que trababa su decisión, pero aceptaron otorgarle una prórroga para que pudiera decidir.  “No más de diez días”, dijo uno de los contratistas con voz seca y cortante. David colgó el teléfono e inmediatamente se puso a planificar como le explicaría a su mujer, que se iría a hacer un libro sobre la selva lacandona y que tendría que ir hacia allá, para observar el comportamiento de la gente que habita en ese lugar.
Horas destinadas pensando una explicación pero ninguna lo convencía, era mucho el temor que lo invadía, su patrona se enfadaría con cualquier argumento que este le diera. Tras haber recurrido a un manual de retorica que lo ayudara a escoger las palabras correctas para persuadirla, no había caso, su mente estaba tildada en la negatividad que le propiciaría su amada cuando le lanzara las palabras. David estaba fastidiado de pensar, de modo que decidió relajarse con un trago y un puro que se había traído de su último viaje a Nicaragua. Cada pitada era recordar ese lugar tanto, que unas lágrimas se le derramaron tan solo por el cachete izquierdo, era raro pero solo lloro de un solo ojo, quizás el humo le había ingresado justo en ese lugar y produjo ese derrame, no lo sabemos.
En el espacio donde ubicaba sus libros, encontró una edición de la revista que había creado con otros periodistas amigos ya hacía mucho tiempo, la hojeo un rato largo y se detuvo en una nota que él mismo le había hecho a un verdulero de nacionalidad boliviano, leyó minuciosamente toda la entrevista, cuando terminó llamo a unos de sus colegas para que le diera algunos datos de esta persona, necesitaba localizarlo de manera urgente. Ese verdulero había creado en la época de los milicos un centro de poesía, donde todos los días se reunían en un sótano, que él había adquirido argumentando que era para depositar mercadería. Allí charlaban de todas las cuestiones que no estaban al alcance de un uniformado - así que imaginen el nivel de lucidez que había en ese lugar - Igual esto ahora no viene al caso, aquí lo importante para él era el hallazgo de esta persona, que una vez le había dicho que quería dejar su trabajo de verdulero para crear una agencia de noticias exclusivamente para el ejercito extremista.
Su objetivo estaba claro en estos momentos, el verdulero era su salvación y posiblemente un ayudante para lograr la historia de su próximo libro. Llamó a algunos teléfonos que pudo darle uno de sus compañeros, pero en algunos la característica ya no estaba en servicio y los otros pertenecían a familias que no sabían nada acerca de esa persona. La búsqueda le iba a llevar un tiempo, tendría que actuar con habilidad y rapidez, su plazo para decidir si viajaba o no era de diez días. Luego de que no prosperaran las llamadas, se acordó que tenía los casettes de las entrevistas que había hecho, abrió su enorme armario donde guardaba todos sus recuerdos de su pasado oficio como periodista y entre tantos papeles, algunas telas de araña, encontró una caja con una etiqueta que decía “entrevistas”, saco los cassettes pero para su suerte volátil, estos no estaban señalizados. Con amplia paciencia se puso a escuchar uno por uno. Las primeras horas de audición logró poner su atención al cien por cien, hasta que empezaron a pasar las horas y el correcto no aparecía. Se acomodo en posiciones diferentes pero sus ojos ya no resistían el esfuerzo, al sexto este se había quedado profundamente dormido. Su mujer preocupada por no escuchar ningún tipo de ruido desde la habitación, se acerco y vio que su marido estaba desplomado contra su brazo derecho, lo sacudió varias veces para que se vaya a descansar a la cama pero este tan solo respondía con algunos balbuceos que se quedaría allí a terminar de escuchar todas las entrevistas.
A mitad de la noche decidió que tendría que hacer algo para mantenerse despierto, esa información tenía que aparecer de manera urgente. En uno de sus cajones de la pequeña oficina de su casa, guardaba una dosis de cocaína para cuando tenía que escribir por encargo y los plazos eran cortos, igualmente no era necesario que el motivo para que consuma sea la escritura, a veces era la búsqueda de placer cuando no tenía ganas de tener sexo de forma tan continua. Él deseaba en algún momento aunque ya no lo estuviese haciendo, entrevistar a Fogwill. Admiraba su gran lucidez desbocada para con la integridad del legítimo colectivo intelectual que prevalecía en el país. Otra vez se me está escapando el hilo pero bueno, Laiseca diría que esto es normal. Continuemos……. David estaba perceptivamente atento, como para escuchar veinte grabaciones seguidas, varias de las que iba escuchando le fascinaban porque eran de escritores argentinos antes de su exilio, otras eran de músicos que tuvieron que cambiar la letra de sus temas, para no ser torturados físicamente (sufrían la tortura artística) y por fin cuando ya estaba impacientándose encontró la cinta que contenía la entrevista al verdulero boliviano, escuchó con mucha concentración porque antes de ir directamente a las preguntas, hacia una introducción de su entrevistado y del lugar donde estaban situados.
“Hoy 15 de octubre de 1980 estoy camino a entrevistar a una persona, digna de ser ampliamente reconocida por todos los ámbitos de la cultura y así dejar atrás los prejuicios de toda índole. Hoy vamos a entrevistar a José Regis, verdulero de nacionalidad boliviana, él es escritor y creador de este gran centro poesía, que para la milicia es clandestino. José trabaja en la verdulería durante el día y a la noche se reúne con personas de distintas nacionalidades para leer poesías y proyectar algunas películas. Vive en la zona de Barracas, desde hace diez años y decidió venir al país para trabajar y poder publicar su novela que le llevo ocho años de trabajo y varias negativas en su país. Hoy sigue sin poder publicar su novela debido a su nacionalidad…..”[1]   
Este fragmento le basto a David como indicio para saber donde se tenía que dirigir primero, de todas maneras sabía que el azar tendría que estar de su lado, esta entrevista tenía mucho tiempo desde que se realizo. A todo esto, ya eran las diez de la mañana y seguía despierto con algo de lucidez, así que se hizo de algunas cosas personales y salió en busca del rastro de José. Su barrio se encontraba bastante alejado de Barracas de modo que tuvo que tomar un colectivo que lo dejara cerca del lugar. Por la esquina de su casa estaba la parada del veinticinco, como no sabía cuánto costaba el boleto, le indico el lugar  hacia donde se dirigía e instantáneamente el chofer le dijo, “uno, veinticinco. Pibe”. Hacía rato que no se trasladaba en colectivo, todo le parecía divertido, podía observar desde una ventana a la gente. Las esquinas con sus grafitis eran el escenario de calles típicamente arrabaleras, los bares decorados lúgubremente le daban la pauta de que la zona era típicamente como lo había leído en su momento, “Barracas, barrio de obreros e inmigrantes”. Todo era un loco pensar, hasta que llego el momento de bajarse.









La búsqueda de José

Primero preguntó a algunas personas que pasaban a su alrededor si lo conocían, después preguntó en varios kioscos y en algunos negocios de la calle principal, pero nada. Nadie sabía si quiera, que esa verdulería había existido.    


[1] Este es un fragmento de la entrevista que realizo David.  

jueves, 21 de marzo de 2013

La Yape, Dylan y los años floridos


Aquellos años transcurridos en el lúgubre departamento de la calle Alsina, no me dejan olvidar las veces que fue un punto de reunión con aquel grupo de artistas llamado: Los Dostoievskys. Era increíble ver tanta gente en un mismo lugar, hablando de teatro, cine, música , poesía, etc. Se generaban debates acalorados y muy largos, pero lo mejor venía a la noche; había sexo sin pudor. Gordos, flacos, altos, bajos, negros, todos los tamaños: era el comienzo de una nueva era. Recuerdo estar sentado con un almohadón en el piso, charlando con una compañera de teatro y ver gente corriendo desnuda, mientras bailaban melodías de Bob Dylan. Todos creíamos y eramos cultores de seguir generando esta especie de movimiento necesitado de ser una novedad. El interés estaba puesto en ser una vanguardia afincada en repudiar guerras. Todavía están presentes voces que por distintas experiencias con ácidos y demás drogas pesadas, no se encuentran con sus respectivos cuerpos y que nos decían: los recuerdos son un arma que disparan a la memoria, provocando dificultades ante momentos intensos, los cuales a veces te piantan un lagrimon.
En la actualidad me la paso mirando por la ventana, sentado en una silla de mimbre que heredé de mi padre. Tuve que arreglarla en su momento, porque las patas venían bastante curtidas por los años; es decir machucadas y casi que ni se balanceaba. Es duro cuando las enfermedades te empiezan a ultimar detalles de lo que esta por venir y todavía no pudiste ver lo que siempre soñaste. Se sabe que un día la gente se va, pero ¿a donde se ira? Hace poco en medio de un ataque de pánico, traté de mermarlo mirando fotos y encontré una caja, en donde vi como los años arrasaron la belleza de esa juventud divina que hemos sido. Tenía todos los recuerdos floridos de aquella infancia, donde uno quería fumar como Humphrey Bogart, para levantarse una mina y decirles: Siempre nos quedara parís. Hasta que una te decía, "che pelotudo, Ingrid Bergman hay una sola" y vos te tenías que meter las palabras, ahí donde todos sabemos. La caja no solamente tenía mi infancia pulcra y viril, sino que ademas guardaba la foto del primer amor. Como olvidar esa belleza que exacerbó los años más puros. Algunos del entorno cercano, hasta el día de hoy, intentaron llevársela con artimañas demasiado alejadas de los que ella pide. Es jodida la yape. ¡Lo que me costo esa mujer no tiene nombre! y a pesar de eso, increíblemente  fue la única a la que cautivé fumando como Bogart; hasta el tapado que llevaba en ese momento pude unificar con la forma de pitar para combinar algunas frases de aquella fabulosa película y lograr el casamiento. La historia entre ambos no fue fácil, hasta llegar a ser lo que fuimos. Cuando la conocí pasé como diez años siendo el amante, hasta que pudo deshacerse del marido. Los primeros años no fueron amables, esta cosa con la que estuvo casada la persiguió hasta donde pudo. Nunca pude hacer nada al respecto, porque el pedido de La Yape, fue muy claro: Te metes y se termina. Y me lo dejó en claro antes de que probara una pizca de valentía ante el asunto. Igual no quiero hablar más del tema, porque acabó de cometer un error: hablé de ella en pasado y si se da cuenta, va a poner el grito en el cielo. Tendría que haber dicho, mi primer y único amor, lo sé Yape. No te enojes. Sabes que floreceremos hasta la edad, cuarta, quinta, sexta, etc y allá donde nadie nos ponga trabas existenciales voy a seguir diciendo...para Yape, no te vayas. Acá lo aclaré. Paraaa....

martes, 19 de marzo de 2013

Los simpaticos de la autoridad

Permanante es la solemnidad ante los verdugos de lo popular. Se adueñaron la simbolizacion y de los mensajes que son envasados en la industria temprana.  Se estan cargando a varios no simpatizantes de su biblia. El dogma se rie a carcajadas de aquellos ilusos, que detras de promiscuas campañas por otra identidad, terminan vulnerados por jovenes dogmaticos de la caridad.
Lo vi al bandido de conciencias correr con varias por la otra esquina, pero lo llamativo fue que nadie intento detenerlo, sino más bien todos los vecinos lo saludaban y le agradecian lo que estaba haciendo para detener la furia populista; que según dicen, esta arrasando con la "democracia".
Una junta aglomerada ante la alcaldia piede más ojos vigilantes. Graben todo, que las avalanchas zoologicas estan arrasando contra la propiedad. Salgan a la vigilia de su integridad junto con la patrulla infernal. Pero ¡ojo! no dejes la zona totalmente ausente; sus dedos saben donde esta el chanchullo.

sábado, 16 de marzo de 2013

Un vigilante


        

Después del séptimo cigarrillo, su boca olía a chimenea. En cualquier momento llegaría su hijo y para poder saludarlo tendría que enjuagarse un poco. Al niño no le gustaba el olor que tenía el cigarrillo. Cuando miró la hora, el octavo estaba al caerse. Venía bien con el tiempo. Igual, dejó un chicle de menta y un vaso de vino, por si acaso. Mientras pitaba sin cesar, leía un mail que encontró en la bandeja de correos no deseados. No era habitual que leyera mails de ese sector  -los borraba sin mirar - pero en este caso le llamó la atención, el remitente y el asunto. Era de un alumno de latín, al cual le dio clases particulares dos o tres veces para ayudarlo a hacer una traducción. Al avanzar en la lectura detectó, que no se trataba más que de palabras melosas con el solo fin de invitarla a salir y lo dejo por la mitad.  
Sonó el timbre antes de lo esperado. Intentando pelar un chicle contestó “ya va”. Abrió la puerta y su hijo se abalanzo ante ella, hundiéndose en un profundo abrazo. El padre del niño con total parquedad solo dijo entre dientes…
-hablamos el viernes que viene.
Apretó el botón del ascensor varias veces, porque no funcionaba bien y mientras esperaba a que se haga presente, regreso hasta la puerta para despedirse del niño. Puertas adentro intento sacarle información a su hijo, acerca del padre. Mientras el niño, concentraba sus energías en los juegos de la computadora, le preguntó varias veces que habían hecho el fin de semana; es decir, si estuvieron solo ellos dos o si hubo más gente. No contestaba al instante, entonces insistía con las preguntas hasta que el niño solo dijo: “Ay mamá, hicimos lo mismo de siempre. Fuimos a la cancha, después un torneo de play station con los amigos de papá y después dormimos”. Esta respuesta fue toda la interrupción que hizo a los juegos. La mujer no intentó más nada, porque sospechaba que el padre lo había preparado para no hablar.
Mientras el niño esperaba que la – lenta – computadora, cargue los puntos de lo que había sumado por pasar de pantalla, le llamó la atención una luz titilante que no paraba de llamar la atención. Apretó para ver de qué se trataba y leyó un mensaje abrumador: “Voy a sacarte la tenencia de tu hijo, por puta y descuidada”. A los gritos llamó a su madre y solo señalo la pantalla. No podía parar de llorar. La madre rápidamente cerró todo como pudo y calmo al niño.
-Eso te pasa por andar viendo cosas que no te corresponden – dijo en forma de reprimendas
- Es que me llamó la atención la lucecita – señaló secándose algunas lagrimas
- bueno ya está, no pasa nada.
- ¿Quién es ese tipo mami?  Tengo miedo.
- No es nadie, solo uno de los tantos maniáticos con los que me crucé en la vida.
Te pido por favor que no vayas a contarle nada a tu padre; ¿queda como secreto entre madre e hijo?
-Te lo prometo – contestó abrazándola.
Para salir de la situación incómoda propuso comer algo. El niño con una sonrisa que cubría toda la cara, saltó del sillón hacia la mesa. La heladera estaba vacía, debido a que no pudo realizar la compra del mes, así solo quedaba pedir comida al delivery: “Mc Donalds”, gritó sin dudar. Maldiciéndose por no haber comprado la comida del mes, llamó sin opción. La demora sería de casi cuarenta minutos y como no le gustaba esperar, las alternativas eran hacer ejercicios de percusión u ordenar la casa. El niño molesto, tapó sus oídos al grito de: “Basta de ruido, mamaaaa….” Entre cosquillas para pasar el tiempo hasta que llegase la comida, escucharon unos gritos que venían desde la calle. Desde el balcón, vieron una moto tirada, un auto parado y un tipo agarrándose la cabeza: “¡cómo te vas a cruzar así, pendejo!” Las sirenas no tardaron en musicalizar la cuadra; policías, ambulancia, etc. El niño vio que el atropellado, era el chico de Mc Donalds. Al bajar, la mujer preguntó a uno de los vecinos se había podido ver como ocurrió todo, pero nadie supo decirle nada, exactamente, sin caer en supuestos. La policía revisando la moto, encontró que en la caja donde se trasladan los repartos, había un arma: “¿quién pidió delivery?” Inmediatamente, la mujer levantó la mano con temor
-Señora se salvó de que la asalten – dijo heroicamente el policía.
Agradecida por el azar, se persignó y tocándole la frente a su hijo, entraron rápidamente.
-Mami, me parece que el chico estaba muerto. No se movía – Dijo sin inmutarse
- ¡Ay, por dios! No digas esas cosas. Además no sabemos porque lo vimos de lejos, eso se va saber después.
- Pero te digo que igual nunca se movió mientras estuvimos abajo – insistía el niño.
- ¡Basta! No me gusta hablar de esas cosas.
Sonó el teléfono y ambos dieron un pequeño de salto por el miedo pero termino en sonrisas…
-Hola.
- Como te salvaste, hija de puta – Contestó una voz ronca.
Colgó el teléfono inmediatamente. Su mano temblaba.
-¿Quien era mami? – preguntó el niño, tirado en el sillón.
Tardó en contestar, porque no sabía que decir. De espaldas al niño, esperó que su cara de espanto se redujera a algo más amigable.
-No era nadie importante. Encuestas políticas – Trató de disimular como pudo.
- ¿Y porque tiraste el teléfono para colgar y te quedaste un rato mirándolo?
- ¡Te dije que no era nadie y basta! – Gritó enojada.
Se fue rápidamente a la habitación y cerró la puerta con llave. Quedó sentada, tomándose ambas piernas. Desde la mesita de luz provenía una vibración; el celular estaba sonando sin parar. No quiso atender. La llamada decía número desconocido y era la número diez. Pensó en tirar el celular por la ventana, pero luego recordó que tenía muchos números importantes que le llevaría mucho tiempo volver a tener. No aguantaba más que siga vibrando. Tomó coraje y atendió.
-Hola.
- Por fin, nena ¿Vas a seguir resistiéndote a darme la tenencia del niño? – Sonrió perspicaz.
- ¿Hasta cuando vas a seguir con esto? ¡Sos una basura!
- Hasta que tenga los resultados del ADN – volvió a reír cuando contestó.
- Jamás voy a permitir que te lo lleves – Dijo apretando los dientes.
El niño golpeando la puerta entre llantos, pedía que lo dejara pasar.
-Déjame hablar con él. Voy a explicarle la verdad – Su tono de voz era cada vez más amenazante.
- ¡Déjanos en paz! ¡Hijo de puta!
- Anda y conta la verdad.
Cortó el teléfono y se dejó caer bocabajo en la cama. Desgarrada en llantos pensaba soluciones, ante las avanzadas del maniático alumno de latín. Una vez calmada salió de la habitación y sin dar demasiadas explicaciones, le dejo al niño que se quedaría por tiempo indeterminado con su padre. Con el niño detrás preguntándole a más no poder, preparó todas sus cosas y salieron directo hacia allá. En el camino, por supuesto, su hijo pedía explicaciones de todo lo que estaba pasando y la única respuesta que obtenía, es un seco: “todo esto es por tu bien”. A pesar, igualmente, de los llantos constantes por saber algo más, la boca de esta mujer se limito a contestar siempre lo mismo. A pocas cuadras de la casa del padre del niño, se alcanzaba a ver una cantidad de gente que se aglomeraba en la puerta; policías que vallaban la zona y algunas cámaras de televisión. Con cierta sorpresa, preguntó a cuanta persona pudo que había pasado, pero nuevamente las respuestas no fueron solidas. Solo eran bolas de chismes que fueron creciendo. Llegando hacia la puerta, escuchó: crimen pasional, suicidio, ajuste de cuentas, Traición, etc. Cuando quiso pasar a la casa con el niño de la mano, la policía no se lo permitió.
-Soy la ex mujer – dijo como carta de presentación.
- Lo entiendo señora, entonces lo mejor va a ser que no pase. No creo que quiera ver la atrocidad que hay allí dentro.
- Dígame que paso ¡por dios!
- Cuando estén finalizados todos los peritajes, se le dará el informe correspondiente. Mientras tanto no se puede dar ninguna información, hasta tanto no se tengan ciertas certezas.
- Pero no me haga esto, necesito verlo  – Dijo desesperada.
- Señora acompáñame – dijo el policía sin dar explicaciones.
Corriéndola de todo el amontonamiento de gente, le entrego una nota que estaba dentro una bolsa de celofán
-Esto estaba sobre el cuerpo, puesto en el cuello de la remera. Podría decirme que significa la palabra del final de la nota – invitándola a leer lo que allí estaba escrito.
La nota decía:   “Decí la  verdad ¡Advigil[i]!
Presentar esto ante quién corresponda.
Con cariños a mi profe”.
La mujer perturbada por la nota, en medio de un estado de shock, Gritó: “Hijo de puta”.


     



[i] En latín significa, otorgar cuidado o atención a algo. Estar atento. 

miércoles, 13 de marzo de 2013

Utopías insanas


El sistema solar es un campo de concentración nazi donde los planetas circulan atrapados  por los grilletes de sus órbitas. Y el primer pez fue un asesino en cuanto tuvo hambre
Enrique Symns





No creo que se pueda escapar de la tristeza. A veces, solamente, podemos darnos ciertas dosis de engreídas excepciones pero se desbaratan a la media hora. Cuando voy cruzando la calle, inevitablemente, pienso en toda el agua y la que va a correr debajo de este puente que todavía estoy cruzando. A mitad de camino comienzan incesantes miedos a causa del afanoso control que intentamos sobre las cosas. Es posible, entonces, vislumbrarse ante la posibilidad de tirarnos de ese puente que a la larga o a la corta, nadie sabe si va a terminar de cruzar.
El trayecto tiene sus atajos y también sus consecuencias. La constante búsqueda de que sea menos enquistado facilita acercamientos a lugares tenebrosos. Nos interpelan fantasmas acartonados. Bochornosos actos, perturban el ingreso de voces alternativas y se entiende dogmáticamente solo una razón,
reproducida alienantemente a la vuelta de nuestras casas. No cabe la reflexión en la ósmosis urbana. Nada nos conmueve; ni siquiera que Norteamérica utilice palabras justificadoras a las muertes por guerras "preventorias". Dicen los periódicos del primer mundo: "murieron por fuego amigo", cuando el caído es un soldado yanqui, que se vio sorprendido por las balas de su propio estado, mientras defendía la mierda ¡brutalmente avergonzante! Pero funcionan tan bien los esquemas; es tan fuerte la policía del sentido, que seguiremos prostituidos a las vanguardias del metrobus y a las férreas palizas que reciben jóvenes cuando proponen una vida de asambleas y unión.

 

martes, 12 de marzo de 2013

Volvieron


En mi eterna inocencia
creí que se podían combatir diez años
un sueño que me exploto en la mano
para seguir caminando solo

¡No llores! ¡Era imposible!
Ruge la noche en que hicimos lió
sera la única postal que guardaré
como una prueba de amor

Ahora solo queda escupir
junto a la falsa ilusión
no creo que haya sido en vano
protegerse en el factor tiempo

Que cada segundo tiene gusto a peor
es cierto...
los testigos aplaudieron un instante
y el control consiguió la calma

La razón le puso fin al desorden
otra vez como empezamos
sonámbulo hasta el cumpleaños
dos palabras y un adiós

martes, 5 de marzo de 2013

Quiero que sepas...


Quiero que sepas...
el pasado solo es pena
el camino hacia lo nuevo
no tiene sutilezas

Se desangra la poesía
cuando le das vuelta la cara
la voz ronca se quedo
de tanto decir amor

Quiero que sepas...
el tiempo loco se ha vuelto
pero tuvo la cordura
de acercarme a vos

En esta trinchera he de quedar
pergeñando una batalla
son diez años
que maravillaron a tu ser

Posibles auras sean plenas
cuando nos encuentre para recibirlas
esperare a que tu mano
deje de palmear sobre mi hombro

Quiero que sepas...
las veces que dije "luchar"
serán hasta el final
sepamos amarnos